"EL MISTERIO DE LA INFLACIÓN"


¿Qué le pasa a la inflación que no arranca? He de reconocer que no sé si es bueno o malo que la inflación esté próxima a cero en el mundo desarrollado. Siempre he escuchado que un poco de inflación es beneficioso para el crecimiento. El cuadro tradicional de que la inflación está ligada al mercado laboral se está rompiendo, con unas sociedades en las que se está consiguiendo un nivel de paro bajo, muy bajo en bastantes casos, los salarios no suben y la inflación tampoco. ¿Se han colado la globalización y la digitalización en la Curva de Philips? ¿Serán las grandes multinacionales las culpables? Lo que está claro es que un nuevo modelo, no sé cuál, está imponiéndose. ¿Será el nuevo modelo geoestratégico? Posiblemente un poco de todo.
El tema se pone aún más claro si  a lo que miramos es la inflación subyacente, aquella que elimina de la medición los productos energéticos y los alimentos sin elaborar. Los países desarrollados han sido inundados de liquidez monetaria y facilidades financieras, los tipos básicos de interés se han acomodado en los alrededores del cero, tanto es así que los bancos centrales no se atreven a volver a una situación de normalidad, las economías crecen muy lentamente todo parece en un equilibrio muy precario. Es la gran secuela de la crisis financiera pasada, el equilibrio casi inestable y el gran volumen de endeudamiento de los Estados. El miedo se instaura entre los banqueros que tienen miedo a iniciar un nuevo cataclismo y esta vez no tienen herramientas ni monetarias ni financieras.
Hay quien afirma que la causa de los bajos salarios está en el miedo a caer en una nueva crisis de los asalariados que, tras pasarlo muy mal en la depresión, ahora están temerosos de una recaída. Otros afirman que los sindicatos han perdido poder. Lo que está claro es que la productividad no está creciendo y así no es fácil pedir subidas de sueldos. Los Gobiernos solo se atreven a calmar a las bases subiendo el sueldo a los funcionarios, que ahora sí que son privilegiados, es lo poco que queda para conteniendo el déficit-endeudamiento aumente la demanda interna; un parche.
¿Será el mercado global el culpable? Los países han tenido que acomodarse a precios muy próximos a su rendimiento marginal, prima el volumen sobre los beneficios, se produce para no tener capacidad ociosa en las empresas, son los intermediarios los únicos beneficiados, la logística necesita se salarios muy bajos, todo se convierte en precario. Los grandes bloque económicos compiten en un mercado con armas no proporcionales, unos se aprovechan de sus bajos salarios anteriores, otros roban y copian patentes y productos, no todos son democracias; la competitividad global lleva a una bajada de precios de la producción, está claro, el consumo barato se impone. El espionaje industrial se infiltra en el mundo cibernético y la I+D+i resulta en muchos casos un esfuerzo melancólico: el mercado ha dejado de ser equitativo. Una parte de la culpa la tienen las grandes corporaciones digitales, las llamaré “Blablazon”. Es que con la entrada de la LGPD, la nueva protección de datos europea, me he dado cuenta de cuan desnudo estoy y de cómo me llegan a conocer los muy puñeteros bytes; me ha dado miedo. No es tu perfil de demanda, se han metido en tu vida privada.
Está claro que Blablazon rompe el mercado laboral cuando entra en un país, rompe los precios a la baja y deja fuera de mercado a muchos empresarios y artesanos locales, en el fondo Blablazon y sus macro-proveedores prefieren llevarse un euro de tu valor añadido y el de tus vecinos para luego comprarnos las empresas o sus activos e integrarlos en su plan global. Así está el mundo y por eso no es fácil que suban los salarios, a los Países solo les queda intentar aumentar la demanda externa para equilibrar sus fundamentales. Así no hay inflación que valga por mucho que el papa frita de turno les diga a los empresarios que suban los salarios. el nuevo modelo es antiinflacionario.
¿Es ahora menos misterio la inflación? Un problema global que nace de una falsa globalización inequitativa, porque lo que buscan los bloques es el poder geoestratégico, es la verdadera condición humana: poder y dinero. La inflación no es un misterio, es un problema. El nuevo modelo es antiinflacionario.

¡Hala que les vaya bien! Hasta el mes que viene. Un saludo de
En Las Medianías, que es mi sitio, a domingo, 24 de junio de 2018.




“¡REDISTRIBUIDO ESTOY!”

Publicado en LA GAVETA ECONÓMICA #31


Ahora todo el mundo redistribuye lo que no es suyo. Así es fácil redistribuir. A lo largo de mi vida he sido redistribuido cientos de veces; todos los meses, todos los años y casi siempre. Yo me siento el redistribuido perfecto. Con mis ingresos del trabajo he sido capaz de sacar adelante a mi familia, sin grandes lujos, y al menos a otra familia promedio. En bastantes años el total de mis pagos directos e indirectos a la Hacienda Pública han estado por encima del salario medio nacional. No me parece mal, me parece hasta justo, pero lo que fastidia es que te redistribuyan a la fuerza. Lo estoy contando desde un punto de vista aséptico y objetivo, en lo más profundo de mi corazón me parece bien y justo… pero en muchos casos lo hacemos bajo la amenaza de multas, sanciones e intereses de demora, claro que peor era en tiempos pretéritos cuando no pagar les “diezmos y primicias” era motivo de excomunión.
Que quede claro que a mí me parece razonable y justo que en los impuestos indirectos haya progresividad fiscal en todas las rentas obtenidas. No me gusta tanto, más bien nada, que mis impuestos vayan a pagar salarios por no trabajar. Tiene que haber una línea de equilibrio que maximice el potencial del conjunto social. No quiero vividores, quiero que la gente tenga una vida digna al margen de su suerte y oportunidades personales, si hay que ayudar se hace y punto.  Todo tiene el mismo límite en economía política: Que impere el sentido común y que todos participemos de un proyecto común, político e intelectual, que comience por mejorar los campos y las gentes de nuestra aldea.
Todo empezó en el siglo XIX con la lucha de clases, cuando el socialismo utópico, pretendía igualar rentas y oportunidades. Lo que empezó como una idea políticamente sano se fue convirtiendo no solo en monopolio del Estado sino que también devino en un modo de control social. La clase política robó a la sociedad la caridad bien intencionada, posiblemente con un poco de razón. La cosa siguió evolucionando y perfeccionándose, la cosa acabó en lo que la Constitución llama economía social de mercado,  un eufemismo de la idea socialdemócrata de estado del bienestar. Hasta aquí bien. Hay otros modelos como el americano en el que el estado tiene un papel menos y la sociedad civil tiene asumido que entre sus obligaciones está el tener una caridad voluntaria y organizada. Va en la educación y la forma de entender la vida.
Sigo de acuerdo con todo lo que hasta aquí he dicho. Pero la cosa se complica cuando la palabra redistribuir se convierte en mantra político. Mantra a todos los niveles. Se convierte en peligrosa manía cuando hasta los concejales de pueblos y ciudades se empeñan en conjugarla. Hay bonificaciones en los billetes y abonos de transporte público en función de la renta y del estatus, hay bonificaciones, que pago con mis impuestos, en matrículas de estudios, hay bonificaciones en espectáculos culturales en función de la renta de los asistentes, bonifican las entradas a los museos, hay viajes lúdicos subvencionados a determinados colectivos, hay… ocupas de presupuestos. ¿Por qué hay que subvencionar el “negocio del espectáculo”? ¿Si ganan dinero comparten los beneficios?
El caso es que no solo me he pasado la vida siendo redistribuido, cada vez más, sino que por mor de mi renta me han vetado posibilidades de acceder a algunos servicios, como el negarle a mis hijos colegio mayor porque el padre gana mucho, como el negarme deducciones en impuestos por ganar más de una cierta cantidad anual, como pagar más por las medicinas en la farmacia… Y yo me pregunto: ¿No pago un impuesto progresivo sobre la renta? ¿Por qué me discriminan dos veces? Un error repetido no se suma se multiplica. Las posibilidades de ser exageradamente redistribuido aumentan exponencialmente. Lo grave del caso es que los beneficiarios entienden este complemento salarial como un derecho irrenunciable, no entienden que este impuesto negativo se lo pagan otros usuarios del sistema.
Al paso que vamos cuando mis hijos vayan a pagar el entierro de mi cuerpo cientos de veces redistribuido, les dirán. “Pague dos y llévense uno”
¡Hala que les vaya bien! Hasta el mes que viene. Un saludo de
En Las Medianías, que es mi sitio, a domingo, 27 de mayo de 2018.