EL MAGOEZ EN LA GAVETA ECONÓMICA

#16, 29 de enero de 2017
Sobre el poder omnímodo de las grandes corporaciones:

#15, 30 de diciembre de 2016
Algo ha cambiado, adecuarse o morir::

#14, 27 de noviembre de 2016
Una generación para cambiar, mejorar y madurar:

#13, 30 de octubre de 2016
Los años locos y felices que no volverán. Un Nuevo Mundo.

#12,  25 de septiembre de 2016
A cuenta de las pensiones:
                    
#11,  31 de julio de 2016
El nuevo capitalismo naciente, el mundo cambia:

#10, 26 de junio de 2016
Secuelas de la crisis, lo que tal vez nunca vuelva:

#9, 26 de mayo de 2016
Leyendas y otras medias verdades...
                                        
#8, 24 de abril de 2016
¿Podremos pagar? Que no se pare el mundo…

#7,  27 de marzo 2016
El lenguaje si importa:

#6, 26  de febrero 2016
Sin armas monetarias:

#5, 29 de enero de 2016
El nuevo equilibrio mundial:

#4, 31 de diciembre 2015
Gastar sin pensar:

#3, 27 de noviembre 2015
Mensajes interesados:

#2, 30 de octubre 2015
La teoría económica está obsoleta:

#1, 23 de septiembre 2015
Cuando importa más el mensajero que el mensaje:


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UNA COMPETENCIA IMPERFECTA


Una competencia imperfecta, pero competencia al fin y al cabo. La competencia perfecta no deja de ser un mito teórico, una utopía. La competencia se distorsiona por multitud de pequeños factores que no voy cansarles con su relato. Nos tenemos que conformar con la menos imperfecta de las competencias. Siempre he pensado que los Gobiernos están para no molestar, para garantizar derechos y servicios (no para prestarlos) y para evitar desviaciones de poder político y/o económico.
 ¡Que angustia! Hormiguitas pisadas por la bota de las corporaciones gigantes
Malestar y sensación de impotencia, de ser la parte más débil del sistema, de sentirnos casi-manipulados y de que individualmente no somos nadie, forma parte del pensamiento cotidiano de muchos ciudadanos. Sentimos que fuerzas poderosas se imponen en el mercado, sentimos que nadie nos protege. Esta sensación no es nueva. Así lo sintieron ciudadanos de finales del siglo XIX en los Estados Unidos con el poder adquirido por las grandes empresas petroleras y de ferrocarriles que crecieron y crecieron hasta llegar al poder casi omnímodo de un monopolio comercial. Los ciudadanos y las pequeñas empresas se sentían muy incómodos, no les llegaba el salario a los trabajadores y las empresas no veían la manera de subsistir razonablemente, cada día desaparecían unas cuantas por los precios impuestos por las nuevas corporaciones que crecían, crecían y parecía que se adueñaban de todo. Parecía que los poderosos empresarios tenían más poder que el propio Gobierno, la gente normal tenía la sensación de que la clase política obedecía ciegamente a las poderosas presiones de estos personajes propietarios de las corporaciones y, en gran medida, así era ¡Que angustia! Hormiguitas pisadas por la bota de las corporaciones gigantes. En Europa ocurrían cosas y casos parecidos, a ese periodo corresponde tanto el auge del sindicalismo de clase, como el desarrollo del socialismo utópico que deviene en comunismo y revolución; tanto es así que hasta la Iglesia se interesa sobre el tema de la doctrina social del trabajo  en la encíclica Rerum Novarum de León XIII (de1891) y, en el peor de los cabreos, lleva hasta el anarquismo a parte de la población indignada.
En este estado de angustia se encontraba la opinión pública cuando un senador de los Estados Unidos, no sabemos si motu proprio o no, lleva al Senado una ley anti monopolios, el senado aprueba en julio de 1890 la conocida como Ley Sherman Antitrust, la primera ley que trata de evitar la posición de dominio ejercida por las grandes corporaciones y las alianzas entre ellas (el trust). Cumplió su efecto razonablemente obligando a parcelar algunas grandes empresas, evitó fusiones y adquisiciones monopolistas y, lo más importante, bajó los precios de productos como la gasolina en casi un ochenta por cien. Fue mejorada en 1914 por la Ley Clayton. Lo más importante es que la Ley Sherman sigue vigente ¡Sí, sigue vigente! En la Unión Europea está vigente el Reglamento (CE) 1/2003 de El Consejo sobre estos asuntos. Hay momentos es que es conveniente elegir entre la economía eficiente y la economía equitativa. El grado de indignación y de desasosiego puede ser un buen termómetro para revisar medidas. Ha llegado el momento de dejar de escuchar, por un tiempo, a los lobbies y escuchar a los ciudadanos consumidores.
Nos sentimos abrumados porque unas “apps” quieren elegir por nosotros seguros, pisos, viajes y vacaciones, el frutero de la esquina, y el librero de al lado, no pueden competir con “ese” monstruo comercial mundial que acabará llegando a casa con drones. Si hasta tu “red social” quiere ser tu banco y tu secretaria. Todo esto a nivel global da miedo, ya no tienes secretos. Si un día buscas en internet un posible coche o utensilio, luego durante mucho tiempo la única publicidad que te aparece es la de ese coche o utensilio que buscaste. Tiemblen y siéntanse pequeñas hormigas. La situación empieza a ser más injusta que la que propició la Sherman Act. Ha llegado el momento de que nuestros representantes se vistan por donde se tienen que vestir y actúen. Como decía en el último comentario todos queremos ser cromagnones pero “ellos” quieren convertirnos en “trabajadores delta” y “consumidores beta” ¡Quítenles ese poder omnímodo! La Ley Sherman y concordantes están en vigor ¡No nos dejen solos y acongojados!
¡Hala, que les vaya bien! Hasta el mes que viene. Un saludo de

En Las Medianías, que es mi sitio, a viernes, 29 de enero de 2017.


PD.) Llegó Trump. Más imperfecta aun.