EL MAGOEZ EN LA GAVETA ECONÓMICA (Últimos)


#29, 25 de marzo de 2018

Sobre la demografía, la productividad, la competitividad y el conocimiento…..

#28, 25 de febrero de 2018
Y el  reino se quedó quieto, y falta "conocimiento", la tecnología si importa...

#27, 28 de enero de 2018
¿Venden duros a 4 pesetas? Nada es gratis, nadie regala nada...


#26, 31 de diciembre de 2017
El futura ha llegado...., sutilmente, ya está aquí., mire a su alrededor:

#25, 26 de noviembre de 2017
En economía también hay otoños, unos los llaman fin de ciclo y otros el final del imperio:

#24, 29 de octubre de 2017
En economía, y en la vida, toda acción tiene sus efectos, y quién compra oro :
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“EL REINO VACÍO, 2”



(Continuación...)

Decía el otro día, entre otras cosas, que: “El reino se vaciaba lentamente. …El rey y su corte, que no eran tontos del todo,… entendieron la importancia de la fuerza del trabajo...”
Lo comprendieron con la fuerza de los hechos. Hace muchos años la mortalidad infantil era inmensa, como consecuencia la edad media era baja. Con la mejoría de la higiene y las costumbres y la ayuda de la mejora de la medicina la cosa cambió. Los infantes dejaron de morir prematuramente, las familias crecieron, poco a poco la edad media de los habitantes se fue elevando, por promedio estadístico y de nivel de vida. Pero las costumbres permanecieron, era normal tener bastantes hijos. Mano de obra para el campo y para el proletariado de la ciudad. Todo parecía ir del diez, la gente se sentía optimista pero un negro manto de cambio personal se empezó a adueñar del personal. Un cierto egoísmo, comodidad y procrastinación  germinó en el modo de vida de las nuevas generaciones, la gente dejó de tener hijos y los pocos, más bien únicos, hijos que tenían eran tardíos. La crisis trajo la guinda: la bajada de los salarios y el paro se conjugaron para la disculpa económica: es que no podemos mantenerlos. Así pasaron unos pocos años. El reino dejo de crecer en población, los habitantes cada vez eran de mas avanzada edad, cada vez menos personas tenían que producir para más. La pirámide de población prácticamente se invirtió. Menos trabajadores, menos precios y salarios (este asunto del tío Phillips lo veremos el mes que viene), menos ingresos para la gente son menos ingresos para el rey y su corte.
El futuro del reino se presentaba convulso. La gente empezó a sentir que el año próximo no sería mejor para ellos, se desanimó. Mucha gente se indignó, empezó el tiempo de siembra de los “misioneros de la utopía”. Podía empezar un tiempo de tonterías colectivas, un trasnochado keinesianismo caló en la sociedad. El Rey y su corte tenían que solucionar el problema y mantenerlos a todos. Los infiltrados de la utopía convencieron a mucha gente que el reino tenía que proveerlos de enseñanza, sanidad, teatro y cine, espectáculos y otros entre lo que se incluía un subsidio personal universal. Menos mal que el reino debía mucho dinero y los prestamistas advirtieron, y exigieron, que se acabara el despilfarro, que solo se podía gastar el dinero que se pudiera generar. El Rey, su corte y los ciudadanos se tuvieron que apretar el cinturón. Eso ocurrió con otros reinos vecinos. Las vacas flacas se habían instalado.
El Rey y su corte, que no eran tontos, se dieron cuenta que el verdadero problema es que cada vez quedaban menos ciudadanos en edad de trabajar. La demografía se convirtió en un problema, sin niños no hay futuro. ¿Importamos familias? El falso buenismo colectivo fue gestionado por los “hipócritas mensajeros del miedo” y no fue posible: venían a “quitarles el poco trabajo y era distintos”. Bajarían los salarios y subirían los alimentos dijeron los aprendices de brujo. Pulgas al perro flaco.
El Rey y su corte, que no eran todos tontos, se dieron cuenta que los niños no venían con un pan debajo del brazo pero que ellos podían ayudar. Ayudaron un poco y pensaron que esos niños tendrían que aprender muchas cosas nuevas –algunos lo llaman “conocimiento”- y producir más y bien. Algunos sabios cortesanos recordaron como el vapor cambió el Mundo. Algunos se dieron cuenta que el capitalismo estaba a punto de doblar una esquina y que ahora la maquinaria mecánica estaba a punto de ser sustituida por automatismos cuasi inteligentes. Si enseñaban a los actuales padres a usarlos y a los niños a crearlos y mejorarlos la producción aumentaría. Todos comerían mejor, el reino pagaría sus deudas y volvería a ser rico. Hasta podrían vender sus excedentes a otros reinos próximos o lejanos. El “conocimiento” y el “automatismo inteligente” habían venido para quedarse. Renovarse o morir. ¡Bienvenido el robot! ¡Ponga un robot en su vida!
¡Hala que les vaya bien! Hasta el mes que viene. Un saludo de
En Las Medianías, que es mi sitio, a domingo, 25 de marzo de 2018.


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